martes, 20 de septiembre de 2011

EFÍMEROS

Efímeros
Traducción del relato “Éphemeres”.
La traducción del francés fue realizada por Óscar B. Lucas.
Para realizar esta traducción se ha empleado un texto publicado en la página web oficial del autor.
Este relato fue publicado en www.jimmysabater.com  el 14 de diciembre de 2008.


Ser gay es tener ganas de algo diferente, alguien que se nos parezca. Es desear aquello que los otros desprecian. Se dice que la belleza está allí, al final del todo, donde nadie va nunca a buscarla. La belleza nos parece una cosa tan lejana que se nos olvida que nos podemos codear con ella todos los días, simplemente a la vuelta de una sonrisa.
En la calle, les reconozco, a aquellos que, como yo, transgreden las prohibiciones.
Ellos tienen una mirada diferente en sus semblantes, a la vez dulce y cargada de interrogantes,  sin ese miedo, sin esa necesidad de otros que nos hagan olvidarles. Hay también esa sonrisa, como aquella de un niño que no tiene nada que esconder, aunque ese niño se ha perdido en los corredores laberínticos de sus fantasías.
La noche, cuando las luces se encienden, les veo penetrar en lugares sombríos, como si ellos fueran a encontrar allí adentro la luz, buscando a ese otro que se nos parezca, sin que tenga la misma apariencia.
Es la aurora quién se los encuentra.
Sus labios tienen todavía las marcas de esos besos furtivos, cual polvo solar que no brillará más que en sus corazones, por unas pocas horas más. Cual mariposas, sus vidas son efímeras. Sus colores centellearan un poco más y después se morirán.
Aquí, ellos duermen, el uno frente al otro, mecidos por la música de caricias cuyo eco resuena todavía. Ellos no saben que con la próxima aurora, se hallará a uno de los dos, muerto.
Allá, ellos miran el azul de sus grandes ojos, idénticos como gotas de agua, fascinados por la similitud de sus reflejos. Se quedaron allá, bajo el sol abrasador del verano, para degustarse como frutas prohibidas, para usar y abusar de sus propios cuerpos, olvidando que al acostarse, ellos serían arrastrados por el viento.
Más allá, hay otro, está solo. Está llorando.
Tiene un rostro fino, casi filiforme, con una piel transparente y ojos gris pálido.
En su mano de dedos interminables, él tiene los pétalos mustios de una rosa que se ha marchitado durante la noche. Una promesa incumplida, un maldito recuerdo que ha estallado, que le ha roto el corazón, un corazón frágil cual cristal de bohemia.
A él también, se le había olvidado, que a fuerza de amarse demasiado, se acaba por dejar de existir.


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